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La construcción, además de ser indispensable para el desarrollo de la sociedad, es también uno de los principales responsables de la generación de residuos, contaminación, transformación del entorno y uso considerable de energía. Estas razones no le permiten ser indiferente a la actual problemática ambiental. El presente artículo, dirigido a la comunidad académica y profesional, presenta a manera de diagnóstico la situación actual del sector de la construcción en Colombia, en relación al impacto ambiental que genera. Para ello, expone un contexto general de la construcción en relación con su impacto ambiental, hace un recorrido cronológico a través de las prácticas y estrategias que, tanto históricamente como en la actualidad, contribuyen a la disminución del impacto ambiental y, por último, presenta los resultados de una encuesta realizada a una muestra representativa de empresas constructoras del Valle del Aburrá, Antioquia, donde se indagan aspectos referentes al concepto que se tiene de la construcción sostenible y de las acciones que la empresa desarrolla en torno al tema ambiental. 

Adentrarse al tema de la sostenibilidad demanda hacer mención del crecimiento económico global, sin precedentes, producido desde la segunda mitad del siglo XX. Este crecimiento, sin lugar a dudas, ha generado importantes avances sociales. Sin embargo, mientras los indicadores económicos han sido durante años sistemáticamente positivos, los indicadores ambientales resultan cada vez más negativos. Estudios como “Los límites de crecimiento” (Meadows, 1972) han establecido una estrecha vinculación entre ambos indicadores, lo que pone en duda la posibilidad de un crecimiento sostenido. Los límites de este crecimiento pueden ser cuantificados a través de conceptos como el de huella ecológica, definido como “el área de territorio ecológicamente productivo, necesaria para producir los recursos utilizados y para asimilar los residuos producidos por una población” (Rees, W., Wackernagel, M., 1996). En la actualidad, está estimada una huella ecológica media por habitante de 2,8 hectáreas, lo cual supera por mucho la superficie ecológicamente productiva o biocapacidad de la Tierra, que alcanza a ser de 1,7 hectáreas por habitante, incluyendo los ecosistemas marinos (Vilches, A. et al, 2009). De manera que, a nivel global, el consumo de recursos y la generación de residuos están por encima de lo que el planeta puede generar y admitir. 

Este modelo de crecimiento abre serios interrogantes sobre las condiciones de vida de las futuras generaciones. La industria de la construcción, actividad de vital importancia para el desarrollo económico y social de cualquier región, se enmarca dentro de ese modelo de crecimiento. Lo anterior hace necesaria una rigurosa revisión de las estrategias socio- económicas dominantes.  

El presente artículo es un acercamiento al tema de la sostenibilidad en la construcción, con la convicción del papel primordial que tiene el hecho de que los agentes relacionados con el sector constructor conozcan los efectos directos de esta actividad económica, en relación con su impacto ambiental. 

La estructura del artículo es la siguiente: en la sección 1, se presenta el contexto de la construcción, en cuanto a su papel de consumidor de recursos y generador de residuos, y sus directos efectos en el ambiente; en la sección 2, se realiza un recorrido a través de las practicas y estrategias, históricas y actuales que han aportado y aportan para mitigar los impactos ambientales del ejercicio de la construcción, y en la sección 3, se presentan los resultados de encuestas aplicadas a empresas constructoras del valle de aburra, en cuanto al conocimiento sobre el tema de la construcción sostenible y a las practicas que llevan a cabo. Finalmente, se proponen las conclusiones. 


2. CONTEXTO ACTUAL DE LA CONSTRUCCIÓN 

La industria de la construcción es, sin duda, protagonista en el desarrollo de las sociedades, ya que es responsable directa de la creación de infraestructura de vivienda, transporte, instalaciones sanitarias, entre otros proyectos, en las que se gesta la cultura y el crecimiento económico de la humanidad. La verdadera influencia del sector en la economía mundial se aprecia en el hecho de que, en 2007, generó 4.7 trillones de dólares (Langdon, 2008), aportando el 10% del PIB global y empleando a más de 111 millones de personas (UNEP, 2009). Por lo general, el sector genera entre el 5 y el 10% de los empleos y aporta del 5% al 15% del PIB de un país (UNEP, 2007), cifra que para Colombia fue del 5,8% en el 2009 (DANE, 2009). 

A pesar de su importancia para el crecimiento, la práctica constructiva es, además, uno de los principales actores en el proceso de modificación del planeta y de contaminación, pues es un gran consumidor de recursos y generador de desechos. El 40% de las materias primas en el mundo, que equivalen a 3000 millones de toneladas por año, son destinadas para la construcción. Esto mismo sucede con el 17% del agua potable (WorldGBC, 2008), el 10% de la tierra (UNEP- SBCI, 2006) y el 25% de la madera cultivada (WorldGBC, 2008), valor que asciende al 70% si se considera el total de los recursos madereros (Edwards, 2001). El sector constructor es también el responsable de más de un tercio del consumo de energía en el mundo, en su mayoría durante el tiempo de habitación y uso del inmueble. Un 20% de la energía es consumida durante el proceso de construcción, elaboración de materiales y demolición de las obras de construcción (UNEP- SBCI, 2009). 

La generación de residuos sólidos y de agentes contaminantes es también un grave problema ambiental asociado al sector de la construcción, que es el principal generador de los gases de efecto 

invernadero en muchos países. Estas emisiones alcanzaban 8.6 billones de toneladas métricas en el 2004, según el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, cifra que podría alcanzar los 15.6 billones de toneladas métricas para el 2030, en caso de continuar construyendo de la manera actual (UNEP, 2009). Sólo en el caso del CO 2 , las edificaciones producen el 33% de las emisiones de este gas (WorldGBC, 2008), que son, en la actualidad, motivo de numerosos proyectos de investigación. Asimismo, la construcción es responsable de la generación del 30% de los residuos sólidos mundiales, demostrando la necesidad de generar métodos y aplicar prácticas que reduzcan la cantidad de residuos en vista del agotamiento del espacio para su adecuada disposición (UNEP- SBCI, 2006). Esta problemática se traduce en costos a causa de la degradación ambiental que, para Colombia, supera el 3.7% del PIB por año (Sánchez, 2007), por el aumento en la frecuencia de desastres naturales y la degradación de los suelos por la modificación del entorno, y el deterioro de la salud por contaminación del aire y del agua, en las zonas urbanas, donde ya habita más del 50% de la población mundial (UNFPA, 2007). 

Las reacciones desde las esferas pública y privada no han sido indiferentes a esta realidad, lo que ha llevado a la creación de normatividades específicas para el manejo ambiental en la construcción que, junto con las iniciativas impulsadas desde las empresas, buscan lograr un equilibrio entre políticas públicas, iniciativas gubernamentales, implementación de tecnologías nuevas más eficientes, y un cambio en la mentalidad de los constructores y compradores, con el fin de ayudar a la reducción de las emisiones y de la generación de residuos asociados a la práctica constructiva. 

En este ámbito, el sector de la construcción es aquel que más potencial tiene para reducir sus impactos negativos al ambiente (IPCC, 2007), ya que pequeños cambios, que no incurren en grandes aumentos en los costos de producción, serían suficientes para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y la generación de residuos sólidos. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, en 2004, estimó que sólo con el uso de tecnologías eficientes y comerciales, que para ese año existían en el mercado, el consumo de energía tanto en edificios nuevos como en viejos, se podría reducir en un 30-50%, sin incurrir en grandes gastos que afectaran la viabilidad de la inversión. 

El poner en marcha prácticas propias de la construcción sostenible puede generar una reducción del 35% en las emisiones de CO 2 , un ahorro en el consumo de agua y energía del 30 al 50%, y una disminución de los costos por disposición de residuos sólidos de hasta el 90% (WorldGBC, 2008). Desde el punto de vista de la rentabilidad, los beneficios de la aplicación de prácticas sostenibles en la construcción acarrea una reducción de hasta el 9% en los costos de operación, un incremento de más del 6% del retorno de la inversión y del valor del inmueble, y un aumento de alrededor del 3% en el precio de renta y en la tasa de ocupación, debido a la preferencia del mercado actual por productos amigables con el medio ambiente (WorldGBC, 2008). De la misma manera, los beneficios de un diseño bioclimático adecuado a las necesidades de cada edificación, en vista de su finalidad y uso, propicia diferentes beneficios en términos de incrementos en la productividad, en la producción y en satisfacción del cliente. Estas ventajas, propiciadas por simples cambios en la mentalidad y la manera de concebir las edificaciones, han atraído a constructores hacia la tendencia sostenible, comenzando a crear un mercado en torno a ésta.  

En Colombia los nuevos modelos de construcción y planeación deben dar solución al déficit habitacional que tiene el país, que se calcula en 3’828.055 unidades habitacionales (DANE, 2009). Así, la construcción de viviendas de interés social en el país debe procurar la edificación de casas dignas que cumplan con ser económicas, presentar un buen desempeño ambiental y posibilitar a sus habitantes el acceso a los servicios públicos, de educación, salud, entre otros, mejorando las condiciones de pobreza en la que se encuentran más del 46% de los colombianos (DANE, 2009). 

En materia de contaminación atmosférica, el número en partes por millón de agentes contaminantes en el aire de las principales ciudades del país excede el permitido de 8,8 ppm, como es el caso de Medellín en donde según un estudio realizado por la Universidad de Antioquia, el Área Metropolitana del Valle de Aburrá y las alcaldías de Medellín e Itagüí, en las horas pico tanto de la mañana como de la tarde el número de partes por millón asciende a 18, y se alcanzan niveles de material particulado en la atmósfera de hasta 180 en horas de la mañana y 210 en horas de la tarde, siendo 150 el límite reglamentado. Otro problema propio de los modelos actuales de la construcción, son las islas de calor que se presentan en las grandes zonas urbanas como Medellín y Bogotá, en donde el problema se hace muy evidente ya que al comparar las temperaturas de la urbe con las de sus alrededores se observa una diferencia de hasta 2 grados centígrados (Pabón, 2009). 


3. LA SOSTENIBILIDAD EN LA CONSTRUCCIÓN 

La sostenibilidad se refiere a la capacidad de mantenerse por sí mismo y ha sido relacionada con el equilibrio que debe existir en cualquier proceso entre las partes que en él se ven involucradas, tratado generalmente desde los puntos de vista ecológico, económico y social. Esto sugiere una relación profunda entre los tres ámbitos, relación que ha determinado el desarrollo de la humanidad desde sus inicios.  

Desde la creación de los primeros asentamientos humanos, el hombre comenzó a transformar su entorno con el fin de satisfacer sus necesidades básicas. Sin embargo, esta transformación se daba localmente, permitiendo el desarrollo de diferentes técnicas de construcción alrededor del mundo, basadas en los recursos y las características climáticas y topográficas de las regiones donde cada civilización se localizaba. En Babilonia y Asiria, por ejemplo, debido al suelo arcilloso que caracterizaba la región, era recurrente el uso de elementos de adobe y ladrillo cocido, materiales que además propiciaban un microclima confortable dentro de las construcciones. En Grecia, la escasez de la madera, generada por la deforestación de los bosques en pro de la calefacción de viviendas, llevó al desarrollo de diseños arquitectónicos que aprovecharan la energía del sol en el acondicionamiento térmico de las edificaciones, dando lugar a la arquitectura solar como respuesta a la crisis energética y de recursos. En la Roma antigua, los modelos insostenibles de consumo llevaron al imperio a retomar y adaptar la arquitectura solar, y a desarrollar nuevos materiales como el vidrio. La escasez de recursos forestales también azotó a la Europa medieval, causando una gran escasez energética y de alimentos. Debido a esta tragedia ecológica, económica y social, los señoríos feudales establecieron restricciones de corte ambiental que aseguraran la seguridad de sus habitantes. Igualmente, en la Revolución Industrial en el siglo XIX, el dramático cambio del orden social y económico ocasionó el crecimiento desmedido y desorganizado de las ciudades, el rápido agotamiento de los recursos y los grandes brotes de enfermedades. Esto obligó a desarrollar planes de desarrollo y gestión urbana que aseguraran los mínimos de calidad ambiental. 

En el territorio donde, hoy, está Colombia, las comunidades indígenas desarrollaron técnicas de construcción basadas en los materiales del entorno. El uso de la tierra, la piedra y algunos materiales de origen orgánico aún son utilizados en gran parte del territorio nacional con fines constructivos. Técnicas como el bahareque y la tierra pisada son fruto de la mezcla entre técnicas de construcción europeas e indígenas que, por su bajo consumo de energía asociado y su capacidad de implementar materiales del entorno inmediato, adquieren características de sostenibilidad. 

Posteriormente, a finales del siglo XX, se inicia un proceso progresivo en torno a las problemáticas ambientales asociadas a los agentes contaminantes de la industrialización. Grandes eventos que convocaron a los diferentes sectores económicos en torno a la problemática ambiental, como la Conferencia sobre Cambios en la Atmósfera en Toronto en 1988, la creación del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro en 1992, la creación de la Secretaría de la Convención sobre el Cambio Climático, la aprobación del Protocolo de Kioto en 1997, entre otros, labraron el terreno para la creación de tratados, acuerdos y leyes internacionales en pro del ambiente y de la sostenibilidad de los procesos productivos. 

Sostenibilidad y diseño 

En relación a las herramientas de diseño en pro de la sostenibilidad, es propio mencionar la arquitectura bioclimática. Ésta “integra las consideraciones de eficiencia en el uso y la energía, produce edificios sanos, utiliza materiales ecológicos y considera la sensibilidad estética que inspire, afirme y emocione. Es la que diseña para conseguir las condiciones para el bienestar humano en el interior, aumentando notablemente la calidad de vida” (International Union of Architects, IUA y American Institute of Architects, AIA). Acorde con lo anterior, el diseño bajo consideraciones bioclimáticas es una herramienta fundamental en el propósito de concebir proyectos que propugnen por el uso eficiente de los recursos, aprovechando las consideraciones del entorno con la finalidad de disminuir el consumo energético. Para ello, deben tenerse en cuenta aspectos como el emplazamiento, ya que la ubicación determina las condiciones climáticas a las que la vivienda tiene que adaptarse, de manera que se propicie un aprovechamiento máximo de la energía solar y de la ventilación natural con la finalidad de que sirvan como herramienta de regulación interior y de confort. 

Se puede encontrar casos, dignos de mención, de diseños concebidos bajo parámetros bioclimáticos. En el ámbito internacional, se destacan proyectos como el Handmade School en Bangladesh, el Edificio HSBC en México, el edificio jardín ACROS en Japón, Viviendas R4HOUSE. En Colombia, proyectos como el Orquideorama y la adecuación de la Biblioteca Pública Piloto en Medellín, la urbanización La Aldea en La Estrella, la ciudadela ecológica Nashira en el Valle del Cauca, el Colegio San José y el proyecto de recuperación del centro histórico de Barranquilla y el Pueblito Acuarela en Santander son exponentes de la aplicación de conceptos bioclimáticos. 

Este tipo de diseños, al aumentar la eficiencia en el uso de los recursos, ayuda a menguar los altos índices de consumo energético y de explotación de los recursos naturales, avanzando bajo la premisa que los recursos no son ilimitados. Frente a esto, es fundamental mencionar que la industria de la construcción es un sector que consume, casi exclusivamente, un tipo de materiales que pertenecen a la categoría de recursos no renovables: los materiales pétreos. La extracción masiva de estos materiales, así como los procesos de fabricación en que éstos intervienen, acarrea un deterioro del medio ambiente, ya que la extracción va ligada a una modificación del entorno y los procesos de fabricacióndemandan grandes cantidades de energía y generan gases efecto invernadero. 

Materiales de construcción 

Metodologías enfocadas al mejoramiento de las características ambientales de los materiales han sido desarrolladas en los últimos años alrededor del mundo. Una de ellas, el Análisis del Ciclo de Vida de un material (ACV), se basa en la definición y delimitación del sistema, la cuantificación de la entrada y salida de materia y energía, que generan impacto en el medio ambiente y la evaluación de dichos impactos. Asimismo, realiza la interpretación donde se hacen las conclusiones y las recomendaciones acerca de las fases del producto donde el impacto ambiental es más crítico y, por tanto, que puntos del sistema son susceptibles a mejorarse. (Romero, 2003)

Es así como para lograr que un material sea realmente sostenible, se debe tener en cuenta cada uno de los procesos por los que pasa, desde la extracción de la materia prima, el transporte requerido en cada etapa, los procesos de transformación de la materia, la forma de uso del material, su disposición luego de acabar su vida útil, su capacidad de ser reciclado o reutilizado, entre otros. Actualmente se están empleando residuos y subproductos industriales como materia prima alternativa en los procesos de fabricación, con la finalidad de obtener materiales más amigables con el ambiente, ayudando a la vez a la valorización y eliminación de los desechos (Zaragoza, 2008). Asimismo, se ha retomado la implementación de materiales antiguos y del entorno, como la tierra, las fibras naturales y la guadua, siendo estos procesados, en muchos casos, con otros materiales que contribuyen a mejorar sus propiedades mecánicas y a la estandarización de sus procesos de fabricación del producto final, mejorando así la oferta de materiales de construcción, desde el punto de vista ambiental.

Sostenibilidad y producción

En términos de producción, la sostenibilidad aún no se arraiga de manera extensiva en la construcción mundial. Para diciembre de 2008, sólo 10 proyectos de los más de 4000 que se encuentran siguiendo lineamientos del Mecanismo de Desarrollo Limpio de la Secretaría de la Convención sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas, estaban relacionados con la eficiencia energética en las edificaciones, de los cuales sólo uno estaba generando créditos de Reducción Certificada de Emisiones. Esto es clara evidencia de que los mecanismos empleados no están teniendo el efecto que se espera en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero asociados a la construcción (UNEP, 2009).  

A pesar de que, desde finales de la década de los 80, las políticas direccionadas al control de la contaminación ambiental, se han formulado con un enfoque preventivo, cambiando de un pensamiento que, en sus bases, propugnaba por responder la inquietud de qué hacer con los residuos, hacia uno nuevo que plantea la propuesta, cómo no generar residuos. Es precisamente bajo esta línea de pensamiento, que encontramos filosofías como Producción Más Limpia y Lean Construction. Producción Más Limpia es un acercamiento preventivo a la gestión ambiental, teniendo como idea básica “reducir al mínimo o eliminar los residuos y emisiones en la fuente en vez de tratarlos después de que se hayan generado” (IVAM, Environmental Research). Tiene su origen en la conciencia de que incrementar la eficiencia productiva demanda que se haga un óptimo uso de materias primas, como el agua y la energía, de manera que pueda producirse la misma cantidad de productos con menos cantidad de insumos. Con esto, se obtienen dos logros: por un lado se disminuye el costo unitario de producción e igualmente se reduce la cantidad de residuos generada. Se consigue así disminuir el  

costo de manejo de desechos y el impacto medioambiental, de tal manera que lograr un incremento en la eficiencia productiva, se traduce en beneficios económicos y ambientales simultáneos. Lean Construction es una filosofía que busca adaptar y aplicar los principios de producción desarrollados por la compañía Toyota, al campo de la ingeniería y la construcción. Estos principios están enfocados en la reducción de los siete tipos de desperdicio: sobreproducción, tiempo de espera, transporte, exceso de procesado, inventario, movimiento y defectos, en un proceso fabril, de manera que su finalidad es optimizar los procesos de operación de cualquier industria, esto debido a que, como consecuencia de la eliminación del desperdicio, mejora la calidad, y se obtiene una reducción de tiempo y costo de producción. En el contexto colombiano, puede apreciarse el proceso de puesta en práctica de la filosofía Lean Construction en algunas empresas constructoras, apoyadas en gran parte en los avances realizados en este campo por la academia, como es el caso de la universidad EAFIT con el grupo de investigación Gestión de la construcción, GESCON (Botero, 2003). 

Evaluación de proyectos 

Actualmente, existen múltiples herramientas para la evaluación y certificación ambiental de proyectos de construcción, las cuales proporcionan un marco para evaluar el nivel de eficiencia del edificio, con base en parámetros de emplazamiento sostenible, eficiencia en el uso del agua, eficiencia en el consumo energético, materiales y recursos, calidad ambiental e innovación y diseño, tanto en la fase de diseño, como en las fases de construcción, puesta en marcha y utilización de la edificación. Entre los sistemas internacionales de certificación medioambiental más utilizados, está el LEED en Estados Unidos, el BREAM en el Reino Unido o el HQE en Francia, los cuales han traspasado las barreras nacionales y se han instaurado como modelos para la sostenibilidad en otras regiones. Igualmente, los sistemas de certificación ambiental que, en el mundo, son ampliamente implementados, han comenzado a adquirir demanda en Colombia. Proyectos como la sede de la Agencia Nacional de Hidrocarburos, el Centro Empresarial y Deportivo Calle 53, Novartis New Building Bogotá, OXO 67 en Bogotá, el Edificio de Oficinas Alpina en Sopo, el colegio San José de Barranquilla, la dirección general de Bancolombia en Medellín o la futura sede del hospital Pablo Tobón Uribe en Rionegro, Antioquia, son proyectos que han buscado hacerse acreedores de la certificación LEED. En el ámbito local, es oportuno mencionar que actualmente se trabaja en la creación del Sello Ambiental Colombiano para las Edificaciones, proyecto liderado por el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial (actual Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio), en trabajo conjunto con el ICONTEC, gremios, universidades, expertos y empresas del sector privado

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